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EL SEGUNDO PISO DE CENTRO CULTURAL MUNICIPAL REINA SOFÍA 

Artículo escrito por John Pantoja

Una maravillosa noche de verano en Cádiz capital, la noche blanca. Un festejo de estética medieval y demostraciones artísticas que se extendía por las calles y plazas más ambientadas de su casco antiguo.
Apetecía el relajante paseo para disfrutar el ambiente festivo gaditano, y sobre todo aliviar el sofocante calor con el suave fresco de la noche.
Según las noticias sobre el evento, algunos museos permanecerían abiertos hasta altas horas de la noche, para el disfrute del interesado, pero no sabíamos cuáles.

Propusimos ir a ver si el museo de Cádiz de la plaza de Mina estaba abierto, pues nos resultaba curioso experimentar la sensación de una visita por la noche, pero desgraciadamente estaba cerrado.

Desde la plaza atajamos por la calle Calderón de la Barca hasta llegar a nuestra hermosa Alameda Apodaca.
Viendo cerca la Iglesia del Carmen y el Baluarte de la Candelaria, no pudimos evitar desacelerar el paso para admirar la arquitectura de la iglesia y recordar algún testimonio curioso sobre extraños fenómenos en su interior, de los cuales hablaré en otra ocasión.
Tras pasar la iglesia y la escuela de hostelería, a unos doce metros, veíamos una emblemática edificación con su fachada bañada en luces. Pasos más adelante estábamos entrando en el Centro Cultural Municipal Reina Sofía, antiguo pabellón de ingenieros militares y sede y dependencias del gobierno militar de Cádiz en la época, ahora foco de arte y cultura de la ciudad.

Patio interior
Patio interior

 

       Nada más entrar, el aspecto abrazado de columnas del patio interior con sus 2 pozos, daban pié a la curiosidad entre sus muros. La noche se presentaba favorable para la historia y el misterio, a si que una experta en las leyendas de Cádiz (Cristina Álvarez), y yo, un joven investigador de lo paranormal, junto a buenas amistades, nos adentrábamos a intentar mirar más allá de las bellas obras de arte que residían el museo.

       Parece ser que aparte de la empleada de la entrada y el guarda de seguridad, estábamos solos. Comenzábamos a subir los altos escalones de mármol hacia el primer piso y ya nos daba la bienvenida un enorme cuadro representando una batalla hacia el siglo 18, legado al centro por la familia Aramburu, al cual le acompañaba un hermosa pintura en la bóveda.

       Ya en el primer piso nos esperaban bustos y pinturas que parecían seguirnos con la mirada. Quedaba poco para cerrar y las luces de los pasillos tomaban tonos más sombríos que la clásica intensa luz blanca de las horas normales de apertura. Solo oíamos nuestros propios cuchicheos y algún que otro susurro extraño que nos obligaba por inercia a girar la cabeza a uno, a varios o a todos nosotros... Algunos del grupo empezaban a ponerse ligeramente nerviosos, pero resoplaban y proseguíamos a subir al 2º piso.


Pasillo del segundo piso
Pasillo del segundo piso
Sala de Vasallo. Segundo piso
Sala de Vasallo. Segundo piso

    Más bustos y la sala de esculturas de Juan Luis Vasallo, llena de luz blanca, si no habéis ido, os lo recomendamos, son dignas de pasar un rato admirándolas. Estuvimos unos 5 o 10 minutos curioseando y fotografiando el lugar.   

      El grupo salió de la sala para acceder a otras partes del edificio, pero yo me quede observando unos segundos más. Concentrado observaba la talla de ciertas esculturas, pero en mi trance, algo oscuro se cruzó por el rabillo de mi ojo izquierdo, y al girar la cabeza ligeramente y mirar hacia el lado, una puerta crujía junto a un leve toque en su pomo. Estupefacto en la duda de si había visto algo, oí a mis amistades llamarme, que me aligerara.

 

      A paso ligero me reencontré con ellos en el ascensor que daba a la azotea. Subiendo les comenté les que me había pasado y lo analizamos por encima. Teniendo en cuenta que el lugar estaba expuesto a las corrientes desde la puerta principal y quizá alguna ventana mal cerrada, podríamos explicar el crujido de la puerta y un pomo ligeramente suelto. En cuanto a la sombra... no nos quedaba otra que la irritante duda, ya que no podíamos quedarnos más tiempo a echar un vistazo por allí. ¿Sencilla sugestión... o vi algo..?

      Las puertas del ascensor se abrieron, regalándonos de entrada unas bonitas vistas de la arboleda por la Avenida Carlos III, y un muy oscuro mar en el cual a la izquierda en el fondo, se apreciaban las luces de Vista Hermosa en el Puerto de Santa María. Hacia el centro de la azotea una barandilla de metal nos separaba de un sutil abismo, en el que se observaba en el fondo el patio interior. En una esquina, dominante, su torre mirador, que se alzaba 3 pisos más de altura, y que servía como telegrafía óptica para los militares tras la batalla de Trafalgar.

Torre mirador y antiguo telégrafo óptico
Torre mirador y antiguo telégrafo óptico

      Al otro lado, unas escaleras que daban paso a una azotea más alta que la que estábamos pisando. Cual chiquillo en un parque de atracciones no pude resistirme a subir, y arriba experimenté unas increíbles vistas del resto del casco antiguo.




      Hora de irse. Mi grupo empezaba a ver como se iban apagando las luces de abajo, y aunque me hubiera encantado quedarme dentro del centro encerrado, obviamente no se podía.

     A paso rápido de nuevo llegue al ascensor y nos arrimamos, a mi espalda se cerraba la puerta. El ascensor se paró en el segundo piso, se abrieron las puertas, vimos como se hizo la completa oscuridad en los pasillos, y entró el guardia con nosotros. En el silencio de la bajada, me dio por hacerle un comentario al ordenanza:

      - Está quedando esto digno para una investigación.-

      A lo que me contestó con una sonrisa...

      - ¿Si? jeje, pues quédate una noche en el segundo piso... -


     Nuestras caras y sonrisas de asombro no tuvieron parangón en ese momento, y entre bromas le preguntamos si pasaban cosas extrañas, y nos contestó..."si... algo hay... casi todas las noches".

Las puertas del ascensor se abrieron dando al patio.

      Aceleré el paso acercándome al guardia ya en la puerta esperándonos para que saliéramos y cerrar, y le pregunté sobre qué tipo de fenómenos había vivido, y nos aseguró sin reparo, que a menudo por las noches estando de ronda, oía susurros, gritos, conversaciones, muebles arrastrándose, portazos e incluso su propio nombre. También afirmaba sobre comentarios de similares sucesos ocurridos a compañeros suyos. Le dimos las gracias, y nos fuimos...

        Habíamos tenido una noche realmente especial, mágica, llena de curiosidad por lo que no vemos, y entonces... tras saber de tales testimonios... ¿Vi algo realmente..? Siempre tendré la duda...

       La verdad es, que poco se habla de fenómenos en este centro, prácticamente nada, casi como un secreto que tiene miedo a ser revelado... ¿Qué ocurre por las noches en el segundo piso del Reina Sofía de Cádiz? ¿Qué misterios oculta, cuando por dentro lo envuelve la oscuridad? Espero poder estudiarlo algún día...


John Pantoja

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Comentarios: 1
  • #1

    MIKEL (martes, 14 febrero 2017 17:59)

    Yo escuche ruidos en la segunda planta y no habia nadie.