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EL DESCONOCIDO BUSTO DE LA ALAMEDA

Por Marian Barrera Lapi

¿A quién pertenece el busto que hay en la Alameda de Apodaca cercado por una verja?

Monumento al Marqués de Comillas. Alameda.
Monumento al Marqués de Comillas. Alameda.

    Ahí, mirando al mar, casi escondido, sin querer apenas molestar, pasando desapercibido para la mayoría de los gaditanos y gaditanas y para la totalidad de los turistas, se encuentra uno de los homenajes que la ciudad de Cádiz le ha hecho a Claudio López Bru. Por este nombre no os sonará pero si os digo Marqués de Comillas os resultará un poco más familiar pues quién no ha paseado por la Alameda Marqués de Comillas o quién no ha visitado alguna vez el muelle Marqués de Comillas.

 

    Tanto el nombre de la alameda y el del muelle como el pequeño busto guardan relación entre sí, puesto que se trata de la misma persona, Don Claudio. Pero quién fue este señor y porqué su relación con Cádiz. 

 

    Comenzando por su faceta profesional diré que fue, sin quererlo, el heredero de uno de los entramados empresariales más importantes de la España de principios del siglo XX y digo sin quererlo porque tanto el título nobiliario como el liderazgo de los negocios familiares correspondían al primogénito de la familia, que al fallecer tras una dolorosa enfermedad a una edad muy temprana, hizo que recayeran todas esas responsabilidades y privilegios en un joven Claudio, nacido en Barcelona en 1853, cuyos intereses religiosos y filantrópicos nada tenían que ver con lo que le esperaba. Desde el negocio de los ferrocarriles, la minería, entidades bancarias, aseguradoras, Compañía Tabacalera en Las Filipinas y un largo etcétera de obras sociales, póngase de ejemplo la construcción del Seminario de Comillas para los Jesuitas hoy Universidad Pontificia, hasta la naviera más importante que ha tenido nuestro país en toda su historia conforman la ocupación de Don Claudio. Y esto último es, precisamente, lo que une al Marqués de Comillas con nuestra ciudad. Siendo el puerto de Cádiz el más relevante de la España de finales del XIX y principios del XX, todo naviero relacionado con Las Indias, origen de la fortuna de la familia, pasaba grandes temporadas en un Cádiz cosmopolita, misceláneo, transgresor y pionero.  De hecho la familia de nuestro protagonista y luego él mismo fueron los promotores de la factoría de Matagorda allá por tiempos mejores. Proveniente de familia muy humilde, el Marquesado que hasta el día de hoy ostenta su familia, fue un galardón que el rey Alfonso XII tuvo con el padre de nuestro protagonista Don Antonio López, primer Marqués de Comillas, que también tiene en Cádiz una calle, como agradecimiento al hecho de haber puesto toda la flota de su Compañía Transatlántica al servicio de España cuando más lo necesitábamos durante conflictos bélicos. 

 

    Continuando con su faceta personal contaré que era famosa tanto en su casa de Comillas, pueblo natal del primer Marqués, como en su casa de Barcelona, convertida hoy en sede de un organismo público, la fila interminable de personas que se acercaban hasta él pidiéndole ayuda, ya que muy a su pesar la fama de buen samaritano le precedía y le perseguía. No le gustaban las condecoraciones ni los halagos de hecho no quiso estar presente en la inauguración del busto gaditano el Día de la Hispanidad de 1922 cuando contaba con sesenta y nueve años y, como peculiaridad, cuando estando en Santander oyó que le iban a otorgar otro título nobiliario por su inmensa ayuda en un reciente desastre sufrido en la ciudad, marchó precipitada y silenciosamente. Añadir que las primeras pensiones de orfandad, viudedad y accidentes laborales, base de nuestro actual sistema de la Seguridad Social, se dieron en sus empresas gracias a su bondad para con los demás; el primer equipamiento ignífugo e impermeable que tuvo nuestro ejército en misiones extranjeras fue regalo del Marqués de Comillas; incansable benefactor de la Iglesia católica; religioso apasionado y excelente patriota. Comentar también que la primera luz eléctrica que hubo en España la trajo de Inglaterra su padre y el primer montacargas que se instaló en nuestro país fue en el palacio de su familia para el personal de servicio. 

 

    Como curiosidad contar que cuando se instaló el busto del Marqués en la Alameda existía a su espalda una pequeña cripta que albergaba una biblioteca pública que en la actualidad permanece cerrada.Claudio López Bru fue un hombre que, aunque no le hizo mucha gracia el presente de nuestra ciudad hacía su persona, vivió en el pasado como su propio busto en la actualidad, sin llamar la atención, sin querer hacer notar su presencia y con mucho disimulo, aunque los que conocemos su historia lo sintamos muy cercano. 

 

Artículo escrito por: Marian Barrera Lapi

 

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